Algunas veces, el gol más importante no es el gol ganador.
Con seis minutos por jugarse y abajo 3-1 en el marcador, todas las cabezas lucen gachas. Excepto una, la de Paul Scholes, quien se alza en todo lo alto y anida la pelota en el rincón moscovita. La remontada es posible y sus compañeros ya lo saben.
Instantes después, la igualada llegó y, con ella, la calificación a la siguiente ronda del torneo de clubes más importante de Europa.
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Punto de quiebre
04 noviembre 2009
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