No era un partido más. El superclásico nunca lo es. Ganarlo era el objetivo, pero el desarrollo no fue fácil y el 1 a 1 final deja un sabor algo extraño en el paladar xeneize, acostumbrado a marcar la diferencia.
Expulsados por ambos lados, un penal errado por River y sangre muy caliente fueron los principales condimentos de un partido muy disputado, de un espectáculo lleno de color y único en el mundo.
Si bien una victoria hubiera dejado muy bien parado a Boca de cara a la segunda mitad del Apertura, las posibilidades, a falta de nueve fechas, se mantienen intactas.
El superclásico es un partido que se juega a todo o nada. Sobreponerse a haber estado en desventaja en el marcador, y en patio ajeno, no es poca cosa. A final de cuentas, el que ríe al último, ríe mejor.
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Pudo perderlo, pudo ganarlo; lo empató
27 octubre 2009
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