La segunda mitad está a punto de comenzar. Cesc está parado en el círculo central en su primer clásico del norte de Londres. Su equipo gana por un gol. Es la hora de matar al adversario.
Suena el silbato. El balón está en juego. Cesc se escabulle de sus marcadores y lo roba. Deja atrás a uno, dos, tres defensores. Dueño absoluto del balón, lo empuja tranquilamente hasta el fondo de la red.
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Fieros rivales, dulce victoria
02 noviembre 2009
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