90 minutos. Eso es todo el tiempo que necesitás para ser un ganador. Pero por cada juego de 90 minutos, se dedican horas y horas de entrenamiento. Te comprometés con un objetivo. Dependés del apoyo de tus compañeros de equipo. Todo para que cuando sea necesario, puedas cambiar el juego.
Para los jugadores de la "Copa Mundial de Personas sin Hogar" es la misma historia. Pero más que la confianza en sí mismos, habilidades y recursos para cambiar el juego, el fútbol y todos sus componentes-el compromiso, la estructura, el equipo, los objetivos, alientan a los jugadores a cambiar sus vidas.
Creada en 2001 por Mel Young y Harald Schmied, la Copa Mundial de Personas sin Hogar, ahora en su séptimo año, reúne a personas que no tienen hogar para representar a sus países en un torneo de fútbol que dura una semana.
"Para ser honesto, no sabíamos que iba a funcionar", dice Mel. "Pero luego en la primer Copa vimos que los jugadores cambiaron psicológicamente ante nuestros ojos. El orgullo que sentían por llevar sus colores nacionales. El esfuerzo que pusieron, y el amor que sentían por la multitud. Por primera vez en sus vidas, los estaban tratados como seres humanos. Las tribunas estaban llenas de fanáticos que hasta que no terminó el torneo no los dejaron de alentar, parecían estrellas de fútbol. Fue un momento que les cambio la vida".
La Copa Mundial de Personas sin Hogar creció hasta tener 18 equipos de 500 jugadores procedentes de 48 países, más de 30.000 personas sin hogar, que se benefician de la formación y las pruebas para el torneo de 2009 en Milán.
Más del 70% de los jugadores mejoraron sus vidas dejando las drogas y el alcohol, encontraron trabajo, educación, hogares, entrenaron, se reunieron con familiares e incluso se convirtieron en jugadores y entrenadores de fútbol profesional. Y el éxito no se limita a los jugadores. El torneo trae nueva vida y rompe con los estereotipos también de los espectadores.
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