A veces, el gol más importante no es el gol ganador.
Quedaban sólo seis minutos y abajo por 3-1. Todas las cabezas estaban gachas. Excepto una, la de Scholes (T90), quién se alza en todo lo alto y aloja la pelota en el rincón moscovita. Remontar el partido es posible y sus compañeros lo saben. Minutos después, llegó el empate y con el, la calificación a la siguiente ronda del torneo de clubes más importante de Europa.
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Punto de quiebre
05 noviembre 2009