Pudo perderlo, pudo ganarlo; lo empató.
26 octubre 2009
No era un partido más. El superclásico nunca lo es. Ganarlo era el objetivo, pero el desarrollo no fue fácil y el 1 a 1 final deja un sabor algo extraño en el paladar xeneize, acostumbrado a marcar la diferencia. Expulsados por ambos lados, un penal errado por River y sangre muy caliente fueron los principales condimentos de un partido muy disputado, de un espectáculo lleno de color y único en el mundo.
En un partido de dientes apretados –como era de esperar-, Boca siempre tuvo intenciones de ir a buscar el resultado, empujado por su historia y por los miles de hinchas que no pararon de alentarlo durante más de noventa minutos. El siempre prolijo andar de Sebastián Battaglia (CTR 360) en la mitad de la cancha y un buen segundo tiempo de Gary Medel (CTR360) desde el lateral derecho empujaron al equipo hacia la victoria, que a diferencia de las tres últimas jornadas, en esta ocasión no pudo concretarse.
El primer tiempo le costó un poco a Boca, que sufría en la izquierda de su defensa las combinaciones entre la velocidad de Ortega (Mercurial) y el buen dominio de Ferrari (CTR 360). Lo ataques, sin embargo, no afectaban demasiado a la defensa liderada por Cáceres (Tiempo), que cada vez que recuperaba la pelota buscaba la salida precisa que Rosada (T 90) le otorgaba al equipo. En el segundo tiempo, Boca dejaría de sufrir y dominaría las acciones durante buena parte de la etapa.
Si bien una victoria hubiera dejado muy bien parado al xeneize de cara a la segunda mitad del Apertura, las posibilidades de Boca, a falta de nueve fechas, se mantienen intactas.
El superclásico es un partido que se juega a todo o nada, sobreponerse a haber estado en desventaja en el marcador no es poca cosa y la hinchada sabe que el equipo dejó el alma en la cancha y que cuando esto sucede son más las veces en que se gana que en que se pierde.
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